por Viviana Aleman
Un mismo evento común aparece fracturado en las historias de personajes diferentes en épocas distintas que presentan, cada uno, un juego de conocimientos y voluntades que difieren entre sí y que juegan entre la realidad y la ficción.
Cada capítulo parece registrar hechos reales, algunos mínimamente autobiográficos, con coincidencias que pueden o no ser coincidencias; parece mezclar lo ficticio con lo real en un constante juego entre lo puramente literario, lo testimonial y aún lo histórico.
Nueve caminos de un millón condensa en su título la lógica y la precisión de los hechos: de todos los caminos posibles, elige solo nueve que se desarrollan alrededor de un evento común, una estafa, fácil de ubicar en tiempo y espacio en forma individual, pero complejo dentro de la totalidad de la novela. Esta decisión provoca una incertidumbre: los hechos narrados ¿son reales o suceden dentro el ámbito estricto de la ficción?
Este juego entre realidad y ficción, estas marcas de “realidad” en la vida de los personajes, estas biografías que ponen en duda su carácter biográfico, entroncan a esta novela en una tradición de la literatura que pone en cuestión los límites entre lo que entendemos como el “mundo real” y el mundo de los personajes.
Así como Roberto Bolaño en La literatura nazi en América presenta una recopilación fragmentada de diversos personajes latinoamericanos (todos del mundo intelectual: escritores, poetas, filósofos, etc.) adscriptos al nazismo; Georges Perec en La vida instrucciones de uso nos enfrenta con el muestrario interminable de personas, animales y cosas de un edificio de viviendas y cuenta, de cada uno de ellos, sus historias; o Borges en Historia universal de la infamia, recupera las biografías de siete personajes de infausto recuerdo basadas en textos de otros autores, Nueve caminos de un millón invita a conocer una estafa relatada por distintos narradores en distintas épocas.
Alberto Roca o Paola De Narváez, Roberto Costas, Máximo Turreti, Hermenegildo y Ermenegildo Costas, Vicente Ferraro, Rolando McCornic, Javier Martín Duardo, Jim Brown, los Sherwood y Mandeta son algunos de esos personajes, que por sus experiencias y decisiones, ganaron un lugar en este libro: puede preguntarse el lector de Nueve caminos de un millón si estos personajes habitan o habitaron su mundo o son construcciones imaginadas por un autor.
Ante la pregunta, podemos aceptar la mezcla de datos verdaderos y de ficción o podemos entender que para acceder a una historia es tan válido el conocimiento como la imaginación. Y más aún: quizás tengamos que admitir que para conocer nuestro mundo, la herramienta más idónea es la ficción.
Cada capítulo parece registrar hechos reales, algunos mínimamente autobiográficos, con coincidencias que pueden o no ser coincidencias; parece mezclar lo ficticio con lo real en un constante juego entre lo puramente literario, lo testimonial y aún lo histórico.
Nueve caminos de un millón condensa en su título la lógica y la precisión de los hechos: de todos los caminos posibles, elige solo nueve que se desarrollan alrededor de un evento común, una estafa, fácil de ubicar en tiempo y espacio en forma individual, pero complejo dentro de la totalidad de la novela. Esta decisión provoca una incertidumbre: los hechos narrados ¿son reales o suceden dentro el ámbito estricto de la ficción?
Este juego entre realidad y ficción, estas marcas de “realidad” en la vida de los personajes, estas biografías que ponen en duda su carácter biográfico, entroncan a esta novela en una tradición de la literatura que pone en cuestión los límites entre lo que entendemos como el “mundo real” y el mundo de los personajes.
Así como Roberto Bolaño en La literatura nazi en América presenta una recopilación fragmentada de diversos personajes latinoamericanos (todos del mundo intelectual: escritores, poetas, filósofos, etc.) adscriptos al nazismo; Georges Perec en La vida instrucciones de uso nos enfrenta con el muestrario interminable de personas, animales y cosas de un edificio de viviendas y cuenta, de cada uno de ellos, sus historias; o Borges en Historia universal de la infamia, recupera las biografías de siete personajes de infausto recuerdo basadas en textos de otros autores, Nueve caminos de un millón invita a conocer una estafa relatada por distintos narradores en distintas épocas.
Alberto Roca o Paola De Narváez, Roberto Costas, Máximo Turreti, Hermenegildo y Ermenegildo Costas, Vicente Ferraro, Rolando McCornic, Javier Martín Duardo, Jim Brown, los Sherwood y Mandeta son algunos de esos personajes, que por sus experiencias y decisiones, ganaron un lugar en este libro: puede preguntarse el lector de Nueve caminos de un millón si estos personajes habitan o habitaron su mundo o son construcciones imaginadas por un autor.
Ante la pregunta, podemos aceptar la mezcla de datos verdaderos y de ficción o podemos entender que para acceder a una historia es tan válido el conocimiento como la imaginación. Y más aún: quizás tengamos que admitir que para conocer nuestro mundo, la herramienta más idónea es la ficción.
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