-He visto mansiones –contaba Juan Carlos- atestadas de objetos de arte: grandes pinturas enmarcadas en oro, enormes columnas de piedra traídas de vaya uno a saber cuales islas del continente africano, papiros y manuscritos tan antiguos como el Señor- exclamaba el amigo casi con vehemencia.
Joaquín lo escuchaba sin hablar, no entendía bien en que punto eso le podría servir en su situación monetaria
- Pero, Juan –dijo Joaquín- no sé que tiene que ver eso conmigo, salvo que quieras que pinte para esa gente, no veo la relación.
- No para que pintes –le replicó su amigo al mismo tiempo que llenaba la pipa- no lo haces siquiera para la gente de acá ¿no es cierto? Pero pienso que en algo me podrás ayudar.
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