Guardaron lo que disponían de dinero y se abocaron al plan. La falsificación de un viejo libro y unos diarios no sería tan difícil de lograr. Mc Cornick había aprendido técnicas en uno de sus innumerables viajes. La cuestión era: ¿Dónde conseguir el objeto que podría captar la atención de Sherwood? ¿Cómo sería el falso Santo Grial que podría ser para Sherwood el verdadero Santo Grial?
Con los últimos ahorros buscaron tienda por tienda algún objeto de las características que habían leído en los libros. Después de mucho caminar, de ver una cantidad de baratijas incontables: grandes jarrones pequeños ceniceros floreros repletos de flores floreros con flores en mal estado pequeños juegos de porcelana china con dibujos de chinas muy pequeñitas tomando el té en tacitas tan pequeñas que si en verdad existieran no podrían tomarse con los dedos porque se quebrarían tazas enormes y de colores oscuros pequeños escapularios de mujeres muy maquilladas escapularios con mujeres increíblemente pálidas cadenas de oro increíblemente baratas probablemente robadas jarrones enormes de porcelana junto a muñecas altas con pestañas grandes y ojos abiertos. Y mucho polvo. Pero ninguno con la promesa de ser el Santo Grial que los salvaría.
En el último negocio, pequeño, con apenas algunos artículos llamó la atención de estos hombres que aún no se resignaban. Miraron con atención la tienda. Ningún objeto interesante salvo, por una pequeña vasija en el mostrador del viejo hombre. Podría ser perfectamente el Santo Grial. Le faltaba un trabajo de pintura, el más urgente, esas delgadas líneas rojas que rodean este vaso. Lo pidieron guardando su entusiasmo al vendedor:
- Me interesaría esa vasija, esa, la que tiene al costado del mostrador.
- No está a la venta.
- ¿Por qué?
El anciano balbuceó -No estamos seguros de su procedencia...ni de su valor.
La sinceridad volvía a conmover a Mc Cornick.
- ¿Pensó que podría ser robada? Podría comprársela, yo viajo constantemente de un lugar a otro. A mi no me compromete. En cambio a usted...
El vendedor no cambió su posición. Mc Cornick y Longhi decidieron darle una última mirada al lugar. Mientras tanto, una persona entró al local. Robert vio su oportunidad. La señora llevó al anciano a fuera a mostrarle un espejo que estaba en la vidriera. Mc Cornick sonrió viendo la vasija en su bolsa.
-Más barato de lo que pensábamos- le dijo, con una sonrisa contenida a Longhi. “La única ventaja de jugar con fuego es que aprende uno a no quemarse” recordó haber leído alguna vez y rió para sus adentros.
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