-¡No lo abras!-dijo Rolando, sacando bruscamente el bolso de las manos de Teresa.
-¿No querés saber que tiene?-preguntó ella.
-No. Prefiero no saber. No quiero sorpresas.Cuando llegue a casa me fijo si tiene algún documento y si no, lo llevo a la comisarìa y que se hagan cargo ahí.
Rolando se levantó de la cama, se vistió, dejó cien pesos en la mesa, agarró el bolso y mientras abría la puerta para irse, Teresa le gritó:
-¡Hasta el próximo jueves!
Él le hizo un gesto de chau con la mano y se fue.
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