domingo, 30 de noviembre de 2008
observar de qué se trataba
Me alejé para observar de qué se trataba pero mis ojos mareados y cansados no distinguieron gran cosa, además que no había luz ni penumbra.
Seguí camino hacia mi habitación tomándome de las paredes…
algo que me guiara en la oscuridad
Busqué frente a mi una referencia (podría jurar que había algo allí antes de que me cayera), algo que me guiara en la oscuridad y toqué la pared. Lo que percibieron mis dedos fue raro, se hundieron en una membrana dura y rugosa, como si se tratara de un cuero viejo y desnivelado. Deslicé dos de mis dedos un poco hundidos en el material hacia la derecha, centímetro a centímetro hasta que palpé una superficie más dura aún, quité rápido mi mano de allí y retrocedí medio paso, mi curiosidad pedía que investigara aquello. Volví a acercar mi mano hacía la pared y llegué al objeto. La parte más dura tenía una superficie lisa y en algunas partes, especialmente en el centro, presentaba unas grietas rectas y muy parejas. Pude comprobar que esas grietas continuaban hacía arriba en una perfecta línea hasta llegar a otra parte dura que cruzaba en ángulo hacia la izquierda la pieza que mis dedos habían recorrido. Siguiendo con mis manos en ese sentido esta nueva pieza, ahora en posición horizontal, noté que al fin terminaba también en ángulo con otro tramo similar, pero esta vez hacia abajo.
se abocaron al plan
Guardaron lo que disponían de dinero y se abocaron al plan. La falsificación de un viejo libro y unos diarios no sería tan difícil de lograr. Mc Cornick había aprendido técnicas en uno de sus innumerables viajes. La cuestión era: ¿Dónde conseguir el objeto que podría captar la atención de Sherwood? ¿Cómo sería el falso Santo Grial que podría ser para Sherwood el verdadero Santo Grial?
Con los últimos ahorros buscaron tienda por tienda algún objeto de las características que habían leído en los libros. Después de mucho caminar, de ver una cantidad de baratijas incontables: grandes jarrones pequeños ceniceros floreros repletos de flores floreros con flores en mal estado pequeños juegos de porcelana china con dibujos de chinas muy pequeñitas tomando el té en tacitas tan pequeñas que si en verdad existieran no podrían tomarse con los dedos porque se quebrarían tazas enormes y de colores oscuros pequeños escapularios de mujeres muy maquilladas escapularios con mujeres increíblemente pálidas cadenas de oro increíblemente baratas probablemente robadas jarrones enormes de porcelana junto a muñecas altas con pestañas grandes y ojos abiertos. Y mucho polvo. Pero ninguno con la promesa de ser el Santo Grial que los salvaría.
En el último negocio, pequeño, con apenas algunos artículos llamó la atención de estos hombres que aún no se resignaban. Miraron con atención la tienda. Ningún objeto interesante salvo, por una pequeña vasija en el mostrador del viejo hombre. Podría ser perfectamente el Santo Grial. Le faltaba un trabajo de pintura, el más urgente, esas delgadas líneas rojas que rodean este vaso. Lo pidieron guardando su entusiasmo al vendedor:
- Me interesaría esa vasija, esa, la que tiene al costado del mostrador.
- No está a la venta.
- ¿Por qué?
El anciano balbuceó -No estamos seguros de su procedencia...ni de su valor.
La sinceridad volvía a conmover a Mc Cornick.
- ¿Pensó que podría ser robada? Podría comprársela, yo viajo constantemente de un lugar a otro. A mi no me compromete. En cambio a usted...
El vendedor no cambió su posición. Mc Cornick y Longhi decidieron darle una última mirada al lugar. Mientras tanto, una persona entró al local. Robert vio su oportunidad. La señora llevó al anciano a fuera a mostrarle un espejo que estaba en la vidriera. Mc Cornick sonrió viendo la vasija en su bolsa.
-Más barato de lo que pensábamos- le dijo, con una sonrisa contenida a Longhi. “La única ventaja de jugar con fuego es que aprende uno a no quemarse” recordó haber leído alguna vez y rió para sus adentros.
jueves, 27 de noviembre de 2008
de todas formas, solo se trata de escribirlo
por Laura Tagliabue
La carta me contaba, además que en los últimos años nuestro hombre se había llamado tal y cual (…)
La noticia me produjo una excitación incomparable. Ni siquiera se me ocurrió pensar que, quizás, fuera falsa. (…)
Estoy por escribir por fin, la historia del robo más astuto del siglo. Es cierto: no puedo estar seguro de que haya sido así (…) De todas formas, sólo se trata de escribirlo.
Martín Caparrós, Valfierno
A principios de noviembre, Ediciones
La fragmentación es el eje estructural de este relato. La misma no se da sólo en cuanto a lo formal y puramente externo, sino que es la esencia que le da sentido al relato, lo resemantiza, lo carga de significados.
Los sucesos se desarrollan en diferentes planos del tiempo y del espacio. Los desplazamientos son permanentes, de fines del siglo XIX hasta el XXI, de América a Europa, son algunos; otros son inherentes a los personajes, que cambian,actúan, adoptan múltiples identidades, y en algunos casos se someten a
alteraciones corporales para reconocerse a sí mismos: Alberto cambió su nombre por Paola, seguido del apellido materno…tras esa profunda renovación, la recientemente transformada en mujer, intentó asemejarse lo máximo posible a su abuela…
Todas las rupturas (estructurales, temporales, espaciales, de personajes) sin embargo afianzan lo que podríamos denominar las constantes humanas: la estafa, la búsqueda de identidad, la relación madre-hijo, los vínculos con el padre, la traición de un amigo, la infidelidad, entre tantas otras, se hallan presentes y cobran sentido en esta narración polifónica y aparentemente caótica.
La multiplicidad de voces nos abre a múltiples perspectivas que en lugar de velar las verdades, las revelan. Recuerdo “al soldado”, que parte a la guerra de Troya, pasa por la conquista de América, una expedición del siglo XVII ,
En este mosaico que se conforma con voces de diferentes discursos, ya sean éstas provenientes de géneros primarios o secundarios, hay motivos que se repiten una y otra vez y que a través de esa iteración actúan como unificadores del relato: por un lado, como mencioné anteriormente, las metamorfosis de los personajes, los continuos cambios de piel…de inmoral a profeta, de bohemio a falsificador, de vendedor de engranajes a ricachón, de Alberto a Paola, de dulce y fiel esposa a fogosa amante e infiel. Por otro lado, el “objeto”: la reliquia, el vaso, la vasija, el Santo Grial...Vemos como la proliferación de la palabra, los múltiples lexemas desencadenan en el “unica” que Sherwood desea poseer.
También le da unidad, la presencia de “la puesta en escena”, que atraviesa las historiasque se entrecruzan sin un orden aparente:
Por último, el barroquismo emerge en varios fragmentos del relato, cito:Paola decidió transformarlo en vestidor, ocupando la pared del frente, con un gran espejo rodeado de luces(…) Alberta tenía estampitas, diversas estatuas religiosas, fotos familiares, amarillentos adornos sobre delicadas carpetitas tejidas por ella misma, una radio vieja, arena en frasquitos y caracoles que habían sido recolectados junto con Alberto(…)o por ejemplo, cito: Ahí estaba, ese artefacto enmarañado y misterioso. Como un submarino flaco, bien liso y alrededor, como armadura, unas sogas y tapitas que lo recubrían, duras y brillantes…o también, (…) un instrumento tubular de color negro con la parte central de su superficie cubierta por un sistema de llaves. Lo tomé entre mis manos. El frío de sus partes metálicas contrastaba con la calidez de la madera de su cuerpo.
¿Cómo habla Sherwood sino con el horror al vacío? Cito: Sherwood comenzó a describir la vasija sin interrupción. Las frases parecían continuarse unas a otras sin ningún indicio de que hubiera pausa…Parecía una enorme oración indivisible que señalaba cada rasgo de la vasija…
La palabra traviste, cambia, distorsiona, oculta diciendo, multiplicándose y es así como “respira acompasadamente” con los hechos que nombra, que narra: la falsificación, la estafa, lo que parece ser y no es, o lo que es y parece no ser.
Para cerrar esta presentación, que espero no haya sido tediosa, les recomiendo:elijan su sillón favorito, el de arabescos, el de pana, el de la funda rústica, el de mandalas, el de la funda de Arredo, acomódense y lean Nueve caminos de un millón de Luna Moró, siempre y cuando quieran ubicarse en el doble rol de “lector y autor”, así como manifestó James Sherwood en su carta: Habían montado exclusivamente para mí una obra acabada y extremadamente precisa dándome el doble rol de actor y espectador…Realmente estos hombres lograron darme algo mucho más valioso de lo que yo pagué y por eso quiero recompensarlos…
Parafraseando ya no sé a quién, es mi deseo que se deslumbren, se maravillen, se sumerjan, se descontrolen, se identifiquen, se encuentren, se desencuentren, se falsifiquen y quién sabe cuántos se…más.
miércoles, 26 de noviembre de 2008
puzzle
Al principio el arte del puzzle parece un arte breve, un arte de poca entidad, contenido todo él en una elemental enseñanza de la Gestalttheoire: el objeto considerado –ya se trate de un acto de percepción, un aprendizaje, un sistema fisiológico o, en el caso que nos ocupa, un puzzle de madera- no es una suma de elementos que haya que aislar y analizar primero, sino un conjunto, es decir una forma, una estructura: el elemento no preexiste al conjunto, no es ni más inmediato ni más antiguo, no son los elementos los que determinan el conjunto, sino el conjunto el que determina los elementos:
martes, 25 de noviembre de 2008
sin sospechar que existo
Nací el 23 de diciembre de 1897, el pase de los dólares fue justo un año antes. Sólo tres meses le habría costado a mi Padre casarse y concebirme. Querría rápido la nacionalidad argentina. ¿El acento italiano, medio perdido, que tiene, es debido a la niñera italiana que dice haber tenido? No creo, debo ser un poco italiano. Yo, que estaba tan contento con el colegio y la música, en realidad, estaba inmerso en mi mundo y nada más. Estaba rodeado de algo que no conozco, pero creía conocer. Para algunas cosas me faltó curiosidad y para otras, me sobró. Sobre mis abuelos paternos nunca pregunté, sólo supe que le dejaron la librería en la que trabaja mi Padre. Deben estar vivos allá en Italia, sin sospechar que existo.
sábado, 22 de noviembre de 2008
un debate moral
La moral, antesala de las leyes explícitas y marco en el que se organizan las sociedades, también ha sufrido cuestionadores. Nueve caminos de un millón resulta un texto necesario en estos tiempos en que parece habernos ganado un relativismo moral en función de generar un negocio efectivo.
La novela nos presenta una idea interesante sobre la posibilidad que tienen los hombres de redimirse de sus actos poco morales; en este caso cada historia parte de una estafa ya sea por intervención directa o indirecta del personaje principal del capítulo, pero sobre el final cada uno de ellos logra revertir esa situación de poca moralidad. A través de esta situación algunos personajes descubren sus verdaderos orígenes, en otros casos el acto inmoral lleva al personaje a plantearse su propia vida y darle un vuelco radical.
Hermenegildo, luego de la confesión de su padre, comienza una vida dedicada a la música que su progenitor debió dejar de lado y ocultar después de la estafa que había cometido. Máximo, un empresario de muy dudosa moral, se convierte en un hombre de fe por medio de su amigo a quien previamente había intentando tenderle una trampa.Alberto, gracias a la estafa cometida por sus padres, logra realizarse y encontrarse con su propio ser.
En síntesis, ¿existe un bien y un mal?En estos tiempos la consolidación de un sistema global nos coloca en un debate a toda la humanidad que se podría plantear como una moneda con una cara económica y otra moral. Mientras ensayamos respuestas o dilatamos el debate, cada vez las selvas se siguen diezmando, los ríos contaminando, etc.
no es asunto mío
“¡Basta, no es asunto mío!”, se convenció. Cerró las puertas y ventanas de su casa, apagó las luces y se metió en la cama decidido a deshacerse del bolso al día siguiente.
Pero no pudo mantener esta decisión. La ansiedad y la curiosidad no lo dejaban dormir. Después de estar más de dos horas dando vueltas en la cama, Rolando se levantó de un salto y fue directo al comedor, agarró el bolso y lo abrió. ¡No podía creer lo que veía! Entre montones de telas estaba cuidadosamente guardado aquel objeto. Mientras más lo observaba mayor era su fascinación.
big bang
por Javier Mareco
Nueve caminos de un millón, obra literaria de reciente creación, puede leerse como algo que estalla inmediatamente al ser leído por cualquier lector. Nadie podrá dar un juicio de valor con el mismo sentido, solo se tendrán certezas acerca de los nombres de los personajes y objetos o momentos que aparecen en la novela a través de los nueve capítulos.
En esta cosmología llamada Nueve caminos de un millón, la autora, Luna Moró, nos abre una puerta, solo una, la de los extrañamientos que puede percibir cada lector. Las perspectivas se mezclan y quizás las ansias de encontrar un eje nos impacienta porque solo se encuentra uno, sui generis.
Se trata de repensar que una sola historia eje que anda dando vueltas choque con algo que obstruya su paso y se disperse en este caso en nueve creaciones nuevas, pero que salieron de una sola.
A causa del gran estallido en la novela se desprenden nueve capítulos; todos con su propia independencia, su propio universo, sin que las historias se unan necesariamente una con la otra. El juego que la autora propone al lector es hacerlo vacilar constantemente, crear una atmósfera que distorsione la realidad, que produzca un quiebre en las perspectivas de las cosas.
Con el tiempo se plantearan supuestos acerca de los personajes, si son reales o ficticios, si las historias son verídicas o no. Pero quizás eso abra el camino a otros recorridos que quizás Luna Moro nunca pensó y ni tuvo en cuenta. Porque en su Big Bang lo que importa es que se sepa que el recorrido no fue casualidad, hubo algo que hizo estallar, en este caso, la culpable fue su Literatura.
viernes, 21 de noviembre de 2008
leyó la carta
Querido Thomas:
Priscila
el eterno dilema de los géneros literarios
por Tomás Romero Obligado
Qué interesante es entrar en un mundo donde las cosas suceden una y mil veces. Esa es la propuesta de Nueve caminos de un millón en el que desde distintas perspectivas, se cuenta la historia de una estafa, las miradas y vidas de los estafadores, y el estafado. Cada una de esas perspectivas, crea un mundo y en cada uno de esos mundos, Sherwood siempre resulta estafado.
Pero esto nos lo dice una lectura perspicaz, ya que si bien Nueve caminos de un millón no va dirigida a un público en especial, el lector encontrará elementos de varios géneros en su recorrido de lectura. Es aquí que Luna Moró nos sorprende al transgredir de manera impetuosa el eterno dilema de los géneros literarios.
En esta nouvelle argentina hay de todo: quien guste de las biografías se encontrará con ellas, y encontrará también un policial, pero también hallará pasajes tan poéticos como las letras de Bécquer, y otros en un tono denso y pesado como la peor parte del Siglo de Oro Español. Incluso encontrará capítulos que tienden al humor negro. La variedad es tal que hacen de esta novela una pintoresca delicia literaria.
Que no se confunda la paleta caótica de estilos y fábulas con un raudal de ficción azarosa, esa es la forma en que el libro funciona: se puede leer cualquier capítulo al azar porque siempre va a estar contando la historia de la estafa, aunque desde otro punto de vista, en otro tiempo, en otro lugar que en el capítulo anterior o el que sigue…
Maravillosa novela. Se puede hacer una analogía con aquella colección de los ochenta, Elige tu propia aventura, en la que el niño se sentía con el poder de decidir sobre su propio destino o, salvando las distancias muy respetuosamente, con Rayuela, aquel quiebre exitoso de la literatura latinoamericana en el que Cortázar proponía seguir de manera irregular varias historias.
Con menores pretensiones, pero llena de encanto, Luna Moró nos muestra los caminos de nueve historias con un millón de posibilidades.
jueves, 20 de noviembre de 2008
¿caramelos para la tos?
por Ángeles Valdez
Además de este singular detenimiento, existe otro aún más profundo que se presenta en todos los capítulos, ¿acaso Luna Moró nos quiere recordar qué es el arte? Porque, constantemente, nos regala sensaciones como visiones y no como simples reconocimientos. De a poco, va desautomatizando la percepción, la renueva.
En cada capítulo se describen con una mirada extrañada ciertas cosas. Se ven o se sienten estas cosas como si fuera la primera vez. Así, la novela nos invita a preguntarnos cómo describiríamos algo por primera vez sin poder nombrarlo. Ya en el primer capítulo nos sorprende con un personaje que no reconoce su cuerpo, su “envase”. Así, queda separada la persona de su cuerpo, o tal vez peor, queda dentro de un extraño. También, nos muestra cómo un niño describiría algo sólo con lo que sabe, sólo con sus ojos y sin la previa enseñanza de un adulto. El instrumento musical no es más que algo lindo que ve, sólo sabe que le gusta. Como si no le alcanzara con este juego sobre el oboe, Luna Moró lo vuelve a recorrer desde las sensaciones. Nos hace sentir cómo sería tocar un oboe, lo podemos percibir con el tacto de la boca, nos lo hace soplar a nosotros, los lectores. Nunca se detiene y nos muestra que un cáliz puede ser visto de muchas maneras, aunque sea una primera vez. En un capítulo sorprende y genera tantas dudas que el personaje se pone el cáliz en el oído, casi como un acto reflejo para resolver el problema. Mientras que en el otro, el descubrimiento de eso novedoso es tan perezoso que se lo piensa para poner dulce de leche. Luego, nos hace sentir un cuadro en la oscuridad, aunque nunca nos dice que de eso se trata. Nos presenta al pintor desorientado en su propio cuadro. No está perdido por no saber qué pintar, sino perdido en reconocer que está frente a un cuadro, algo, sin duda, muy conocido si se trata de un pintor.
Estos no son más que algunos ejemplos de esa mirada extrañada muy presente. Nos saca de lo cotidiano y percibimos el mundo con una mirada más nueva. Luna Moró no economiza sensaciones, no nos las brinda automatizadas. Todo lo contrario, nos hace ver, sentir como si fuera la primera vez. Es así, que nos recuerda que el arte sirve para esto, para dar sensación de vida, para sentir los objetos, para percibir que la piedra es piedra. Porque la finalidad del arte es dar una sensación del objeto como visión y no como reconocimiento. El arte es un medio de experimentar el devenir del objeto: lo que ya está realizado no interesa para el arte.
miércoles, 19 de noviembre de 2008
un aire quieto que se mueve
fragilidades
Ahora sabían que debían entretener a Sherwood hasta conseguir un Jim Brown, que sería el falso Mandetta que sería el falso van Schaellert. Tres personas debían hacer de una, una identidad falsa encubierta por otra falsa identidad para cubrir aún otra. La confianza entre gente dedicada al engaño es frágil. Pero es la única disponible para aliarse en una estafa. Sherwood estaba convencido de que el estudiante Van Schaellert, quien había robado el vaso del museo, era el famoso Mandetta de Longhi que se había hospedado como Jim Brown. Y que el tenía por lo tanto el vaso.
siddartha
Cuando Paola aun era Alberto, tenia anhelos profundísimos de encontrar su paz interior, tanto así que intentaba abstraerse de la rutina escuchando música celta, y recordando siempre la especial frase, de aquel inolvidable libro, que le había regalado su abuela para su cumpleaños número 18
martes, 18 de noviembre de 2008
hasta unas flores
La vida de Rolando era intrascendente hasta que el día tres de mayo de dos mil ocho encontró, además de a su madre tirada muerta en su habitación, un cofre con un objeto. Dentro del cofre encontró un cosa de color dorado, quizás era bronce, quizás de oro. Más tarde comprendió que estaba hecho del último material mencionado. Al tocarlo pensó que podría venderlo y ganarse unos billetes porque su peso era importante. Podría comprarse la comida de la semana y hasta unas flores para la reciente difunta. Sacó el objeto y lo puso arriba de la mesa.
domingo, 16 de noviembre de 2008
la historia del abuelo fermín
Y aquel recuerdo de Fermín le sopló a Máximo la prueba que colocaría para Florián. El abuelo Fermín contaba siempre una historia a su nieto y a Florián, de la época en la que con orgullo recordaba haber trabajado como agregado cultural en Italia para Perón durante la segunda presidencia. En el ejercicio de esas funciones había tenido un curioso encuentro con un coleccionista que pretendía ofrecer una reliquia para el mismísimo General Perón. Desde su despacho en Milán, Fermín arregló una reunión para los primeros meses de 1956 lo cual, como se comprende, nunca pudo llevarse a cabo. Fermín supo que la reliquia que estaba en manos de Guido Mandetta, nieto del famoso excavador del mismo nombre. Se trataba de una copa, una simple pieza construida con formas rústicas, sin trazos decorativos, sin ornamentos, pero con una energía tal que la vida misma parecía contenerse allí dentro. Con esas palabras oyó Fermín que se describía el objeto y luego, por algunas lecturas, supuso que podría tratarse de aquella vasija donde José de Arimatea había recogido la sangre que emanaba de las llagas de Cristo por las heridas del calvario.
todo es posible
por Viviana Aleman
Cada capítulo parece registrar hechos reales, algunos mínimamente autobiográficos, con coincidencias que pueden o no ser coincidencias; parece mezclar lo ficticio con lo real en un constante juego entre lo puramente literario, lo testimonial y aún lo histórico.
Nueve caminos de un millón condensa en su título la lógica y la precisión de los hechos: de todos los caminos posibles, elige solo nueve que se desarrollan alrededor de un evento común, una estafa, fácil de ubicar en tiempo y espacio en forma individual, pero complejo dentro de la totalidad de la novela. Esta decisión provoca una incertidumbre: los hechos narrados ¿son reales o suceden dentro el ámbito estricto de la ficción?
Este juego entre realidad y ficción, estas marcas de “realidad” en la vida de los personajes, estas biografías que ponen en duda su carácter biográfico, entroncan a esta novela en una tradición de la literatura que pone en cuestión los límites entre lo que entendemos como el “mundo real” y el mundo de los personajes.
Así como Roberto Bolaño en La literatura nazi en América presenta una recopilación fragmentada de diversos personajes latinoamericanos (todos del mundo intelectual: escritores, poetas, filósofos, etc.) adscriptos al nazismo; Georges Perec en La vida instrucciones de uso nos enfrenta con el muestrario interminable de personas, animales y cosas de un edificio de viviendas y cuenta, de cada uno de ellos, sus historias; o Borges en Historia universal de la infamia, recupera las biografías de siete personajes de infausto recuerdo basadas en textos de otros autores, Nueve caminos de un millón invita a conocer una estafa relatada por distintos narradores en distintas épocas.
Alberto Roca o Paola De Narváez, Roberto Costas, Máximo Turreti, Hermenegildo y Ermenegildo Costas, Vicente Ferraro, Rolando McCornic, Javier Martín Duardo, Jim Brown, los Sherwood y Mandeta son algunos de esos personajes, que por sus experiencias y decisiones, ganaron un lugar en este libro: puede preguntarse el lector de Nueve caminos de un millón si estos personajes habitan o habitaron su mundo o son construcciones imaginadas por un autor.
Ante la pregunta, podemos aceptar la mezcla de datos verdaderos y de ficción o podemos entender que para acceder a una historia es tan válido el conocimiento como la imaginación. Y más aún: quizás tengamos que admitir que para conocer nuestro mundo, la herramienta más idónea es la ficción.
sábado, 15 de noviembre de 2008
una silla junto a la ventana
Hermenegildo aprovechó la pausa que hizo Roberto para sentarse nuevamente en la cama. Su padre tomó esto como un gesto de buena disposición. Retiró la silla que estaba junto a la ventana y se sentó frente a él para continuar con su relato.
-Un amigo estaba armando “un negocio” que consistía en venderle a un hombre coleccionista de unica el Vaso de Las Reliquias de la Pasión. Para ello necesitaba alguien que pudiese montar una buena representación y me eligió a mí. Una vez terminado el trabajo, con el dinero en nuestras manos, mi amigo me convenció de viajar para no dejar rastros sobre lo sucedido.
delito y castigo
Los términos delito y castigo parecieran carecer de importancia en Nueve caminos de un millón de Luna Moró, escritora que inicia su bibliografía con esta novela.
El texto presenta la marca ineludible de una estafa: esta es el punto de partida del relato y tiene como función atravesar, interferir, y dificultar en diferente medida, el desarrollo de cada uno de los caminos que conforman la novela.
Esta obra no habla en ningún caso de la noción de justicia, ni de un conjunto de leyes a respetar. No hay pena ni castigo para los personajes relacionados con la estafa que es, en algunos de los caminos, el conflicto central. Por lo tanto, esta obra angustia al lector ante la ausencia de la ley, la carencia de restricciones.
Cabría preguntarse si este es el error de la inexperta escritora, en la que el lector deposita su voto de confianza al aceptar el desafío de la lectura o bien, si lo que se entiende como falencia, en realidad, es una estrategia para demostrar que los personajes no le otorgan mayor importancia a los sucesos delictivos, sino que, al contrario, en más de una historia, la trasgresión hace las veces de puente, para permitir el pasaje del personaje a una vida feliz. En cualquiera de los dos casos –el delito como ignorancia o el delito como puente- la clave es la ausencia del castigo.
Observemos lo que sucede en Nueve caminos de un millón con lo que comúnmente se entendería por delito: un hombre encuentra en situaciones dudosas, un dinero perteneciente a su difunta abuela, y lo utiliza sin vacilar; dos abogados comentan un caso, y sin brindarle mayor importancia, deciden abandonarlo; se descubren excesos, sobornos y coimas, jamás denunciadas; se procede a vender una vasija con una historia falsa; se realizan negocios turbios; se da la utilización de un personaje como “mula” para la llevar a cabo la estafa; se presencia un atropello, con la anterior noticia de un accidente de tránsito; aparece un bolso con una valiosa reliquia, perteneciente a un sujeto baleado; un hombre llega a su casa y encuentra a su madre fallecida... y todo esto, como si nada.
En todos los casos, circula una gran cantidad de dinero falso, que nunca es descubierto. Los personajes afectados negativamente por la estafa, no buscan venganza, sino que toman una posición de comodidad. El resto de los personajes, quienes se ven favorecidos, no sufren castigo alguno por sus actos.
El lector espera que la novela funcione tal como desearía que su sociedad lo hiciera. Supone ingenuamente que todo aquel que trafique dinero, estafe, soborne, coimee o reciba sobornos y coimas, etc., sea penado conforme a su delito. Siguiendo en la línea de lo esperable, quien es estafado busca hacer justicia de diferentes modos, el más común es elevar su situación a la esfera judicial, para lograr que el o los culpables sean castigados. Se comprende que lo esperable no necesariamente sucede fuera del marco del texto, así como tampoco se lo encuentra en la novela.
Podemos entonces contestar a nuestra pregunta inicial: observamos una gran coherencia por parte de Moró, ya que los personajes afectados negativamente en ninguno de los casos denuncian el delito y, por lo tanto, los beneficiados jamás sufren un castigo como efecto de su culpabilidad. Tras esta explicación se puede comprender que la ausencia de la ley es la estrategia textual que atrapa al lector desde las primeras páginas y lo mantiene en la constante expectativa de una resolución en términos legales. Este juego se mantiene hasta la última línea, concluye sin explicación alguna, y deja librado su significado a la imaginación del lector. De este modo el lector puede ver cómo continúa la tensión entre los delitos realizados y el “merecido” castigo aún después de finalizado el recorrido por los Nueve caminos de un millón.
no es para que pintes
-He visto mansiones –contaba Juan Carlos- atestadas de objetos de arte: grandes pinturas enmarcadas en oro, enormes columnas de piedra traídas de vaya uno a saber cuales islas del continente africano, papiros y manuscritos tan antiguos como el Señor- exclamaba el amigo casi con vehemencia.
Joaquín lo escuchaba sin hablar, no entendía bien en que punto eso le podría servir en su situación monetaria
- Pero, Juan –dijo Joaquín- no sé que tiene que ver eso conmigo, salvo que quieras que pinte para esa gente, no veo la relación.
- No para que pintes –le replicó su amigo al mismo tiempo que llenaba la pipa- no lo haces siquiera para la gente de acá ¿no es cierto? Pero pienso que en algo me podrás ayudar.
la novela: un sistema caótico
por Silvina Maciel
La novela susurra ese interrogante al mostrar que no hay sólo una historia posible, aún cuando puede estar inspirada en un mismo hecho. Así como un mismo cuadro que pintado varias veces muestra distintos puntos de vista, diferentes enfoques del mismo motivo, la misma historia contada una y otra vez, da cuenta de algunas de todas las maneras posibles que dicha historia tiene de ser concebida, de ser construida, de ser leída.
En el inicio se anticipa que se trata de un juego de partes y totalidades que una cree comprender, hasta que aparece algo nuevo que desarma la imagen que nos habíamos construido. Desde las primeras hojas una es advertida de que debe dejar de lado el pensamiento lineal. Entonces surge inmediatamente un nuevo interrogante ¿cuál es el modelo sobre el que debo seguir la trama?
En la novela hay una historia madre, presentada en un preámbulo, que se diferencia de los capítulos tanto por su forma de narración - ya que se utiliza un modo coloquial propio de la oralidad- como por su título.
Esta historia madre, o núcleo, menciona una estafa. Los capítulos se estructuran tomando algo de esa mención, pero sorprenden con cambios constantes de voces, de puntos de vista, de actitudes de los personajes, como si fueran pruebas de escritura.
La novela podría pensarse en términos de una descomposición, algo mayor que ha sido fraccionado, pero ¿cuál es la ley que opera en esa descomposición? Podría verse como la descomposición de la luz que se da al atravesar esta un prisma. En este caso el preámbulo actuaría como el haz de luz que es descompuesto por el cuerpo de la escritura. Cada capítulo toma esa información inicial y varía su velocidad y desvía su trayectoria dando lugar a uno de los tantos colores que luego vemos del otro lado, en este caso no siete sino nueve.
Sin embargo la novela no propone líneas rectas, ni operaciones de anticipación. Si bien se trata de una descomposición, esta tiene más que ver con la teoría del caos. La novela parece ponerle palabras a un experimento de Edward Lorenz, aquel hombre que describió el efecto mariposa, llevándonos a una reflexión sobre el camino de las variaciones.
Efectivamente, sucede que en la novela, a pesar de que las fluctuaciones se mantienen caóticas, siempre están en torno de un atractor, algo que las mantiene dentro de un centro de atracción y probabilidad. Es así que variaciones pequeñas como pueden ser un trabajo, un nombre, dan lugar a trayectorias muy distintas, pero dentro de un mismo sistema. Así se observa que el atractor (el mayor es la estafa) permite las variaciones de personajes, lugares y objetos al ponerlos como una mera posibilidad.
Veámoslo en los capítulos: El primer elemento que se toma es el del dinero. En el primer capítulo sólo aparecen los billetes, pero el mundo al que nos podrían remitir (al de la estafa a través de los monederos) queda ignorado. Los billetes o el dinero aparecen luego en varios capítulos pero siempre presentados de forma diferente. Si bien el trabajo y los juegos que se hacen con el dinero son muy interesantes, creo que el aspecto más rico está en el tratamiento de la vasija y los documentos porque son los elementos que juegan con la realidad y la representación. Con respecto a esto, el tercer capítulo hace la primera pregunta al decirnos que dos amigos quedan enredados en el deseo de hacer creer y nadie “nunca reveló que la copa era una simple vasija de feria.” Pero el valor no queda dado en su procedencia sino en sus efectos “¿Podemos asegurar que no era el verdadero vaso del Calvario?”
Esta pregunta toma una fuerza mayor, ya que la vasija no es la misma que se usa en la estafa de EEUU, el relato que abre la novela; entonces estaríamos frente a otra estafa con un mismo elemento, o mejor dicho con la representación de un mismo elemento. Creo que allí se da el punto de inflexión que me hizo desandar lo andado y volver a leer, notando que cada capítulo parece dar una respuesta distinta a esa pregunta. Lo real será lo que se desea, para Alberta; lo que se esconde, para Ermenegildo; lo que se genera, para Florián y Máximo; lo que se hereda, para Hermenegildo. Y es también lo que nos dicen, lo que nos imaginamos, lo que se revela, lo que vemos, lo que planeamos, como exponen el resto de los capítulos. Es cada una de esas cosas y es todas al mismo tiempo ya que la novela no presupone el principio de no contradicción.
Entre los capítulos se dan coincidencias que si bien desde un enfoque lógico no podemos aceptar (por ejemplo que un mismo personaje viva cosas distintas o en distintas épocas) son a su vez las que le dan una unidad a la trama total, permitiendo que todas esas partes funcionen como un sistema. El ritmo propio que tiene cada capítulo, los distintos estilos, los matices, parecen hacer de cada uno algo absoluto, acabado en sí mismo. Sin embargo, al relacionarse con los otros capítulos una va notando que no tiene sentido buscar la ley para predecir exactamente el resultado al cabo de un tiempo exacto.
Como la teoría del caos, la novela no es determinista. Entonces es posible decir que estamos frente a un modelo caótico solo posible de ser observado desde la geometría fractal. Donde hay algo que se repite, se reitera, pero al mismo tiempo se diferencia. Así se ve en el primer capítulo que la estafa queda casi ignorada, apenas nombrada; luego en los capítulos sucesivos, reaparecen el millón de dólares en billetes de veinte, el cáliz, los documentos, los personajes, los lugares, para mostrar los posibles recorridos a los que se enfrenta lo real, y ya en el último capítulo la estafa se describe minuciosamente, como si el microscopio hubiese hecho foco en el hecho total (con el detenimiento de quien diseca un insecto y por eso, su subtítulo no es inocente).
Pero lo curioso es que si esta es la verdadera historia, las demás deberían ser descartadas si no aceptamos la contradicción. Pero al cerrar el libro no sólo queda el eco de la pregunta acerca de qué es la realidad, sino también esa maravillosa sensación que nos regala la literatura de saber que todo es posible.
En definitiva la novela se plantea como un juego de posibilidades; como lo que nos propone desde las ilustraciones que abren los capítulos, un juego de palabras en el que la combinación de determinadas letras nos ofrece un mundo en el que cada uno, en cada momento, será capaz de ver algo distinto. La novela nos invita, como la teoría del caos, a intentar comprender esos fenómenos que dependen de tantas variables que no pueden medirse completamente o en los que variaciones iniciales pequeñas producen efectos enormemente distintos.
viernes, 14 de noviembre de 2008
un millón de nueve caminos
por Natalia Coluccio
Una termina de leer la novela y se pregunta cómo pensar el libro. Para pensar Nueve caminos de un millón hay que entrar en el terreno de lo múltiple. De todo lo posible. Salir de la concepción de la lógica arbolada, lineal, pegada a la dicotomía para llegar a lo rizomático.
El concepto de rizoma lo propone Deleuze en su libro Mil Mesetas. Leamos el concepto de rizoma en palabras del autor:
El sistema - raicilla, o raíz fasciculada, es la segunda figura del libro, figura que nuestra modernidad invoca con gusto. En este caso, la raíz principal ha abortado o se ha destruido en su extremidad; en ella viene a injertarse una multiplicidad inmediata y cualesquiera de raíces secundarias que adquieren un gran desarrollo
Rizoma es un modo de pensar que se contrapone a la forma bivalente de pensamiento que nos caracterizó por siglos. Rizoma es otra manera de ver el mundo y sus cosas. La concepción rizomática del mundo tiene que ver con superar la forma “arbolada” para no reducir las cosas a opuestos.
El sistema árbol no sirve para pensar esta novela, en cambio, si la pensamos de forma rizomática podemos empaparnos de la multiplicidad de sentidos de la novela. Sabemos que hay una estafa. Y esta estafa se propaga en una multiplicidad de versiones, contradictorias, en distintos lugares del mundo, en diferentes ámbitos, con distintas consecuencias. Unos personajes se topan con una valija y se operan, otros tienen relación con la estafa a través de un abuelo. Otros vivieron la estafa y cuentan el engaño completo. Otros dos personajes viven con casi el mismo nombre –solo una h muda parece separarlos- pero con distintas historias.
La novela propone una manera de acercarse a la vida contemplando todos sus matices; a los que no llegamos desde el sistema árbol, ligado a una imitación posible del mundo. Nueve caminos de un millón es una forma de apropiación del sentido tomándolo como una estructura de varias dimensiones.
Si el lector espera encontrar a través de los capítulos una historia narrada en forma cronológica se verá decepcionado. En esta novela encontrará raicillas diseminadas a través de lo capítulos, desprendidas de una supuesta raíz principal que ya no existe. Esta raíz principal es una estafa que habría ocurrido. Las raicillas son la multiplicidad que se alude al comienzo, las versiones sobre un mismo hecho.
El sentido rizomático de Nueve caminos de un millón está dado en parte por el de una cadena de sucesos ordenados sin una narración lineal. No puede hablarse de un tiempo único en el que está narrado la novela. Los capítulos no se suceden según el tiempo cronológico. Al contrario, el libro comienza en este siglo para terminar doscientos años atrás.
Para llegar al sentido de la novela el lector debe tomar las piezas que brindan los capítulos para formar el puzzle del que se habla en el prólogo: cada pieza solo toma sentido al unirse a las otras, y se conforma un sentido único en el campo de lo múltiple representado por las piezas.
Es una novela para buscar relaciones entre capítulos y personajes pero no buscar una sola lectura posible. ¿Por qué el mismo personaje no puede tener dos vidas? ¿Por qué el mismo botín no podrían haberlo encontrado dos personajes diferentes en distintas épocas? En nueve caminos de un millón la contradicción funciona como la realidad de la novela.
Continuar siempre el rizoma por ruptura, alargar, prolongar, alternar la línea de fuga, variarla hasta producir la línea más abstracta y más tortuosa de n dimensiones, de direcciones quebradas. Conjugar los flujos desterritorializados. Seguir las plantas: comenzar fijando los límites de una primera línea según círculos de convergencia alrededor de singularidades sucesivas; luego ver si en el interior de esa línea se establecen nuevos círculos de convergencia con nuevos puntos situados fuera de los límites y en otras direcciones. Escribir, hacer rizoma, ampliar nuestro territorio por desterritorialización, extender la línea de fuga hasta lograr que englobe todo
Este punto de fuga, de desterritorialización lo cumple la estafa. La estafa es esta línea extendida a través de todos los capítulos. Se extiende tanto de los límites que aparece la contradicción como regla. A veces la estafa aparece como botín, a veces como un bolso cerca de una madre muerta, a veces como una secreta historia familiar, otra como un cambio de sexo, a veces la estafa aparece extendida en todo el capítulo mostrando los detalles de su ejecución, pero luego viene un capítulo que la cuenta diferente.
Cuando terminamos de leer la novela no podemos decir “la estafa ocurrió así”. “Sherwood fue estafado sin saberlo” o por el contrario “Sherwood fue estafado, pero con conciencia de ello”. La novela no da respuestas. Abre preguntas. Nos da la pauta de que la realidad son versiones de los hechos multiplicados por los puntos de vista. La lejanía del hecho produce esta desterritorialización, cuando se trata de contar un hecho; las miradas se multiplican al infinito produciendo infinitas posibles versiones.
Solamente podemos acercarnos abiertamente a estas versiones por medio de los conceptos de rizoma y la desterritorialización. Si se intenta reterritorializar la cronología de la novela y las supuestas contradicciones no se podrá conformar la multiplicidad que propone la novela. Pero, en cambio, si el lector se abre a través de las innumerables raicillas que propone Nueve caminos de un millón podrá acceder al puzzle conformado por los diferentes Sherwoods, dos Hermenegildo-Ermenegildo e incontables estafadores.








