martes, 9 de diciembre de 2008

menos averigua dios y perdona




por Laura Cilento




Como la misma Moró atentamente definió desde el título, si hay un millón hay dinero, y si hay dinero hay delito. La ecuación dinero-delito ya hace que descartemos la gesta capitalista de la novela tradicional - cuya visión de mundo puritana bendice el bienestar que corona al protagonista- y nos situemos frente a una novela donde la peripecia, el cambio radical de los personajes, queda fundado desde la ilegalidad. Esa peripecia está tensionada desde el interés y el suspenso que con bastante eficiencia –mayor sería imposible- suspende las consideraciones morales: por algún motivo, después de la lectura nos vemos obligados a revisar la frase hecha “caída en el delito”. En 9 caminos…, los personajes parecen más bien elevarse hacia el delito.

La crítica argentina Josefina Ludmer seleccionó la siguiente idea de Historia crítica de la Teoría de la Plusvalía de Marx, “El criminal rompe la monotonía y la seguridad cotidiana de la vida burguesa. De este modo la salva del estancamiento y le presta esa tensión incómoda y esa agilidad sin las cuales el aguijón de la competencia se embotaría”. Para los oscuros personajes de Moró cuyo denominador común es cierta incomodidad con las instituciones sociales: un intérprete de oboe, un pintor y restaurador de obras de arte y literarias, un viudo de madre, el dueño de un taller de piezas para autos, entre otros, el delito es un más allá al que se llega, sin paradas intermedias en la normalidad, desde un más acá del ser burgués. Como forma de realización, se integran a una cadena casi anónima de falsificadores del Santo Grial, esquivando la notoriedad y, con ese gesto, zanjando las ocasiones de ser socialmente visibles.

¿Acaso no se hicieron invisibles, en un sentido similar, otros dos delincuentes literarios: Alonso Quijano, cuando cambió su estatuto social y el Dr. Henry Jekyll, al crear otro ciudadano llamado Hyde para que escapase a los controles estatales? Se elige, antes que ser criminal, abandonarse al anonimato, y eso cuesta trabajo; requiere la locura o una vida dedicada a los experimentos químicos. En ese esfuerzo por nacer de nuevo, a través de una transgresión a la ley, el crimen se asocia con la búsqueda de la identidad. En Vicente Ferraro y Hermenegildo Costas, no hay filiaciones ni genealogía antes de ese acontecimiento. Los lectores, entonces, no necesitamos perdonar, porque ningún paso es desatinado si lleva a Ferraro y a Costas a saber quiénes son. Por añadidura, disfrutamos de que se derriben algunas fronteras (entre lo correcto y lo incorrecto, lo legal y lo ilegal), porque si se quitan esas barreras todos podemos pasar.

La atenuación del crimen reside también en los modos. La estafa es el menos agresivo, porque obtiene dinero limpio sin necesidad de sangre. Requiere de algunas mentiras, y principalmente se funda en la voluntad de quien será estafado, porque se presta gentilmente a la experiencia de despojo. En su galería de criminales criollos, José Álvarez, más conocido como Fray Mocho, deja que esta especialidad se luzca porque “Los que hacen el scrucho o cuentan el cuento, son simplemente, en buen romance, los estafadores, los más inteligentes, más astutos y de más buen tono en el mundo lunfardo” (Memorias de un vigilante, 1897)

Novela opuesta, entonces, al lucimiento de criminales sanguinarios y obscenos, o sofisticados y crueles, 9 caminos… invierte la lógica del relato policial, porque no propone llegar a una verdad oculta desatando la investigación de un crimen, sino que sostiene que no hay verdad para buscar antes y fuera del crimen.

Precisamente porque se desliga de la necesidad de la observación del detalle, la novela de Luna Moró se precipita. Sin necesidad de poner en escena una lógica analítica privilegiada, como la que monta la novela policial clásica, el relato arma los caminos de los distintos personajes, atropella los acontecimientos, los acelera y acumula (proceso acentuado por los itinerarios extremos, que van desde Sierra de la Ventana, Florencia y Belo Horizonte o la ciudad misionera de Apóstoles, con centro no en Roma sino en EEUU). Así, como en los precipitados químicos, la novela arma su fórmula en su mismo devenir, transcurso en el que las distintas reacciones de los elementos se forman, se solidifican. Esperar es meditar. No hay tiempo para eso. Al menos, hasta las dos últimas páginas. Menos averigua Dios y perdona.

Solo me queda augurar, bajo los propicios números de su título, que la novela multiplique los ceros de su tirada en próximas y prolíficas ediciones, legales y con prolija distribución de derechos de autor, si eso resulta fácil y posible en este caso. Menos averigua Dios y perdona.

martes, 2 de diciembre de 2008

brindis

gracias

A Hugo Zurutuza por el apoyo incondicional y los sandwichitos

A Oscar Conde por la presentación y ponerse el traje en un día tórrido

A Diego Polieri por el dibujo de la tapa

A Alejo Rébora por las invitaciones y las fotos de la presentación

A las Lauras Cilento y Tagliabue por la lectura crítica y fervorosa de la novela

A Carlitos Barrios por el trabajo de impresión

A Verónica Couselo por los trámites de catalogación en la Cámara Argentina del Libro

A las lectoras Victoria Rigiroli y Valeria García por aclarar sus gargantas y dejarnos escuchar de otra manera lo que escribimos

Y por supuesto, a todos los que enfrentaron los rigores del trópico para estar en la presentación

aplausos

ficha bibliográfica



Moró, Luna


Nueve caminos de un millón – Buenos Aires, Ediciones de la Tramoya, 2008

ISBN 978-987-23106-2-2

.Literatura. Novela

90p. ; 21x16 cm

Dibujo de tapa: Diego Polieri

domingo, 30 de noviembre de 2008

primera edición

observar de qué se trataba



Solté mi mano derecha del sitio donde la tenía apoyada y comprobé lo que temía: la extensión que simulaba un cuero duro, tenso, rugoso y estriado seguía allí, solo que ahora era mucho más amplio y en ciertos puntos (que imagino como el más débil de la extensión) mis dedos se hundían más fácilmente. Mi mano izquierda seguía apoyada sobre la cosa que descendía verticalmente para unirse también a la forma dura y con líneas huecas (¿dije que estaban perfectamente marcadas?) que le esperaba abajo. Mi mano derecha se separó del centro del objeto blando para buscar mi otra mano, y juntas transitaron la superficie dura horizontal y surcada que seguía hacia la derecha. Creo que en ese momento supe que ya había tocado esa parte, aunque en realidad se parecía al resto de las estructuras duras que constaban de dos objetos duros, horizontales y estriados paralelos y dos objetos duros, verticales y estriados paralelos también. En el centro se encontraba el material blando en su parte débil, y duro a los costados, parecido a una membrana rugosa y desnivelada.
Me alejé para observar de qué se trataba pero mis ojos mareados y cansados no distinguieron gran cosa, además que no había luz ni penumbra.

Seguí camino hacia mi habitación tomándome de las paredes…


lectoras

algo que me guiara en la oscuridad



Busqué frente a mi una referencia (podría jurar que había algo allí antes de que me cayera), algo que me guiara en la oscuridad y toqué la pared. Lo que percibieron mis dedos fue raro, se hundieron en una membrana dura y rugosa, como si se tratara de un cuero viejo y desnivelado. Deslicé dos de mis dedos un poco hundidos en el material hacia la derecha, centímetro a centímetro hasta que palpé una superficie más dura aún, quité rápido mi mano de allí y retrocedí medio paso, mi curiosidad pedía que investigara aquello. Volví a acercar mi mano hacía la pared y llegué al objeto. La parte más dura tenía una superficie lisa y en algunas partes, especialmente en el centro, presentaba unas grietas rectas y muy parejas. Pude comprobar que esas grietas continuaban hacía arriba en una perfecta línea hasta llegar a otra parte dura que cruzaba en ángulo hacia la izquierda la pieza que mis dedos habían recorrido. Siguiendo con mis manos en ese sentido esta nueva pieza, ahora en posición horizontal, noté que al fin terminaba también en ángulo con otro tramo similar, pero esta vez hacia abajo.

la espera

se abocaron al plan




Guardaron lo que disponían de dinero y se abocaron al plan. La falsificación de un viejo libro y unos diarios no sería tan difícil de lograr. Mc Cornick había aprendido técnicas en uno de sus innumerables viajes. La cuestión era: ¿Dónde conseguir el objeto que podría captar la atención de Sherwood? ¿Cómo sería el falso Santo Grial que podría ser para Sherwood el verdadero Santo Grial?

Con los últimos ahorros buscaron tienda por tienda algún objeto de las características que habían leído en los libros. Después de mucho caminar, de ver una cantidad de baratijas incontables: grandes jarrones pequeños ceniceros floreros repletos de flores floreros con flores en mal estado pequeños juegos de porcelana china con dibujos de chinas muy pequeñitas tomando el té en tacitas tan pequeñas que si en verdad existieran no podrían tomarse con los dedos porque se quebrarían tazas enormes y de colores oscuros pequeños escapularios de mujeres muy maquilladas escapularios con mujeres increíblemente pálidas cadenas de oro increíblemente baratas probablemente robadas jarrones enormes de porcelana junto a muñecas altas con pestañas grandes y ojos abiertos. Y mucho polvo. Pero ninguno con la promesa de ser el Santo Grial que los salvaría.

En el último negocio, pequeño, con apenas algunos artículos llamó la atención de estos hombres que aún no se resignaban. Miraron con atención la tienda. Ningún objeto interesante salvo, por una pequeña vasija en el mostrador del viejo hombre. Podría ser perfectamente el Santo Grial. Le faltaba un trabajo de pintura, el más urgente, esas delgadas líneas rojas que rodean este vaso. Lo pidieron guardando su entusiasmo al vendedor:

- Me interesaría esa vasija, esa, la que tiene al costado del mostrador.

- No está a la venta.

- ¿Por qué?

El anciano balbuceó -No estamos seguros de su procedencia...ni de su valor.

La sinceridad volvía a conmover a Mc Cornick.

- ¿Pensó que podría ser robada? Podría comprársela, yo viajo constantemente de un lugar a otro. A mi no me compromete. En cambio a usted...

El vendedor no cambió su posición. Mc Cornick y Longhi decidieron darle una última mirada al lugar. Mientras tanto, una persona entró al local. Robert vio su oportunidad. La señora llevó al anciano a fuera a mostrarle un espejo que estaba en la vidriera. Mc Cornick sonrió viendo la vasija en su bolsa.

-Más barato de lo que pensábamos- le dijo, con una sonrisa contenida a Longhi. “La única ventaja de jugar con fuego es que aprende uno a no quemarse” recordó haber leído alguna vez y rió para sus adentros.

presentación

jueves, 27 de noviembre de 2008

de todas formas, solo se trata de escribirlo



por Laura Tagliabue



La carta me contaba, además que en los últimos años nuestro hombre se había llamado tal y cual (…)

La noticia me produjo una excitación incomparable. Ni siquiera se me ocurrió pensar que, quizás, fuera falsa. (…)

Estoy por escribir por fin, la historia del robo más astuto del siglo. Es cierto: no puedo estar seguro de que haya sido así (…) De todas formas, sólo se trata de escribirlo.

Martín Caparrós, Valfierno


A principios de noviembre, Ediciones La Tramoya me hizo llegar la novela Nueve caminos de un millón de la escritora Luna Moró. Esa misma noche, sentada cómodamente en mi sillón favorito, el de terciopelo verde, comencé la lectura de la obra que sería para mí una verdadera revelación.

La fragmentación es el eje estructural de este relato. La misma no se da sólo en cuanto a lo formal y puramente externo, sino que es la esencia que le da sentido al relato, lo resemantiza, lo carga de significados.

Los sucesos se desarrollan en diferentes planos del tiempo y del espacio. Los desplazamientos son permanentes, de fines del siglo XIX hasta el XXI, de América a Europa, son algunos; otros son inherentes a los personajes, que cambian,actúan, adoptan múltiples identidades, y en algunos casos se someten a

alteraciones corporales para reconocerse a sí mismos: Alberto cambió su nombre por Paola, seguido del apellido materno…tras esa profunda renovación, la recientemente transformada en mujer, intentó asemejarse lo máximo posible a su abuela…

Todas las rupturas (estructurales, temporales, espaciales, de personajes) sin embargo afianzan lo que podríamos denominar las constantes humanas: la estafa, la búsqueda de identidad, la relación madre-hijo, los vínculos con el padre, la traición de un amigo, la infidelidad, entre tantas otras, se hallan presentes y cobran sentido en esta narración polifónica y aparentemente caótica.

La multiplicidad de voces nos abre a múltiples perspectivas que en lugar de velar las verdades, las revelan. Recuerdo “al soldado”, que parte a la guerra de Troya, pasa por la conquista de América, una expedición del siglo XVII , la Segunda Guerra Mundial y no es más que él , el soldado, todos los soldados; o a Juan, Juan de Amberes, Juan el Indiano, Juan el Romero, los Juanes, personajes de los cuentos de Carpentier. ¿Acaso los protagonistas de esta novela no son uno y a la vez todos, el estafador y el estafado, el traicionero y el traicionado, el verdadero y el falso, el que engaña y el que es engañado?

En este mosaico que se conforma con voces de diferentes discursos, ya sean éstas provenientes de géneros primarios o secundarios, hay motivos que se repiten una y otra vez y que a través de esa iteración actúan como unificadores del relato: por un lado, como mencioné anteriormente, las metamorfosis de los personajes, los continuos cambios de piel…de inmoral a profeta, de bohemio a falsificador, de vendedor de engranajes a ricachón, de Alberto a Paola, de dulce y fiel esposa a fogosa amante e infiel. Por otro lado, el “objeto”: la reliquia, el vaso, la vasija, el Santo Grial...Vemos como la proliferación de la palabra, los múltiples lexemas desencadenan en el “unica” que Sherwood desea poseer.

También le da unidad, la presencia de “la puesta en escena”, que atraviesa las historiasque se entrecruzan sin un orden aparente: escena, actriz, farza, actuación, actor, espectador, sets de filmación, entre tantas otras, son algunas de las palabras que hacen referencia a la representación escénica.

Por último, el barroquismo emerge en varios fragmentos del relato, cito:Paola decidió transformarlo en vestidor, ocupando la pared del frente, con un gran espejo rodeado de luces(…) Alberta tenía estampitas, diversas estatuas religiosas, fotos familiares, amarillentos adornos sobre delicadas carpetitas tejidas por ella misma, una radio vieja, arena en frasquitos y caracoles que habían sido recolectados junto con Alberto(…)o por ejemplo, cito: Ahí estaba, ese artefacto enmarañado y misterioso. Como un submarino flaco, bien liso y alrededor, como armadura, unas sogas y tapitas que lo recubrían, duras y brillantes…o también, (…) un instrumento tubular de color negro con la parte central de su superficie cubierta por un sistema de llaves. Lo tomé entre mis manos. El frío de sus partes metálicas contrastaba con la calidez de la madera de su cuerpo.

¿Cómo habla Sherwood sino con el horror al vacío? Cito: Sherwood comenzó a describir la vasija sin interrupción. Las frases parecían continuarse unas a otras sin ningún indicio de que hubiera pausa…Parecía una enorme oración indivisible que señalaba cada rasgo de la vasija…

La palabra traviste, cambia, distorsiona, oculta diciendo, multiplicándose y es así como “respira acompasadamente” con los hechos que nombra, que narra: la falsificación, la estafa, lo que parece ser y no es, o lo que es y parece no ser.

Para cerrar esta presentación, que espero no haya sido tediosa, les recomiendo:elijan su sillón favorito, el de arabescos, el de pana, el de la funda rústica, el de mandalas, el de la funda de Arredo, acomódense y lean Nueve caminos de un millón de Luna Moró, siempre y cuando quieran ubicarse en el doble rol de “lector y autor”, así como manifestó James Sherwood en su carta: Habían montado exclusivamente para mí una obra acabada y extremadamente precisa dándome el doble rol de actor y espectador…Realmente estos hombres lograron darme algo mucho más valioso de lo que yo pagué y por eso quiero recompensarlos…

Parafraseando ya no sé a quién, es mi deseo que se deslumbren, se maravillen, se sumerjan, se descontrolen, se identifiquen, se encuentren, se desencuentren, se falsifiquen y quién sabe cuántos se…más.

miércoles, 26 de noviembre de 2008

rompecabezas

puzzle



Al principio el arte del puzzle parece un arte breve, un arte de poca entidad, contenido todo él en una elemental enseñanza de la Gestalttheoire: el objeto considerado –ya se trate de un acto de percepción, un aprendizaje, un sistema fisiológico o, en el caso que nos ocupa, un puzzle de madera- no es una suma de elementos que haya que aislar y analizar primero, sino un conjunto, es decir una forma, una estructura: el elemento no preexiste al conjunto, no es ni más inmediato ni más antiguo, no son los elementos los que determinan el conjunto, sino el conjunto el que determina los elementos:

martes, 25 de noviembre de 2008

sin sospechar que existo




Nací el 23 de diciembre de 1897, el pase de los dólares fue justo un año antes. Sólo tres meses le habría costado a mi Padre casarse y concebirme. Querría rápido la nacionalidad argentina. ¿El acento italiano, medio perdido, que tiene, es debido a la niñera italiana que dice haber tenido? No creo, debo ser un poco italiano. Yo, que estaba tan contento con el colegio y la música, en realidad, estaba inmerso en mi mundo y nada más. Estaba rodeado de algo que no conozco, pero creía conocer. Para algunas cosas me faltó curiosidad y para otras, me sobró. Sobre mis abuelos paternos nunca pregunté, sólo supe que le dejaron la librería en la que trabaja mi Padre. Deben estar vivos allá en Italia, sin sospechar que existo.

podría haber sido la tapa

sábado, 22 de noviembre de 2008

un debate moral

por Mariela Salmón Cadeneau


En los distintos conflictos que generan las historias que conforman la obra de Luna Moro, Nueve caminos de un millón leemos un debate reiterado sobre la moral. Lejos de ser un tema novedoso éste es un planteo que se ha hecho el ser humano a lo largo de toda su historia pero lo que aporta esta novela es un carácter relativo de la moral puesto que las nueve historias no parecen coincidir en sentenciar o condenar a los personajes.
La moral, antesala de las leyes explícitas y marco en el que se organizan las sociedades, también ha sufrido cuestionadores. Nueve caminos de un millón resulta un texto necesario en estos tiempos en que parece habernos ganado un relativismo moral en función de generar un negocio efectivo.
La novela nos presenta una idea interesante sobre la posibilidad que tienen los hombres de redimirse de sus actos poco morales; en este caso cada historia parte de una estafa ya sea por intervención directa o indirecta del personaje principal del capítulo, pero sobre el final cada uno de ellos logra revertir esa situación de poca moralidad. A través de esta situación algunos personajes descubren sus verdaderos orígenes, en otros casos el acto inmoral lleva al personaje a plantearse su propia vida y darle un vuelco radical.
Hermenegildo, luego de la confesión de su padre, comienza una vida dedicada a la música que su progenitor debió dejar de lado y ocultar después de la estafa que había cometido. Máximo, un empresario de muy dudosa moral, se convierte en un hombre de fe por medio de su amigo a quien previamente había intentando tenderle una trampa.Alberto, gracias a la estafa cometida por sus padres, logra realizarse y encontrarse con su propio ser.

En síntesis, ¿existe un bien y un mal?En estos tiempos la consolidación de un sistema global nos coloca en un debate a toda la humanidad que se podría plantear como una moneda con una cara económica y otra moral. Mientras ensayamos respuestas o dilatamos el debate, cada vez las selvas se siguen diezmando, los ríos contaminando, etc.

más de dos horas

no es asunto mío




“¡Basta, no es asunto mío!”, se convenció. Cerró las puertas y ventanas de su casa, apagó las luces y se metió en la cama decidido a deshacerse del bolso al día siguiente.
Pero no pudo mantener esta decisión. La ansiedad y la curiosidad no lo dejaban dormir. Después de estar más de dos horas dando vueltas en la cama, Rolando se levantó de un salto y fue directo al comedor, agarró el bolso y lo abrió. ¡No podía creer lo que veía! Entre montones de telas estaba cuidadosamente guardado aquel objeto. Mientras más lo observaba mayor era su fascinación.

big bang



por Javier Mareco

Nueve caminos de un millón, obra literaria de reciente creación, puede leerse como algo que estalla inmediatamente al ser leído por cualquier lector. Nadie podrá dar un juicio de valor con el mismo sentido, solo se tendrán certezas acerca de los nombres de los personajes y objetos o momentos que aparecen en la novela a través de los nueve capítulos.

En esta cosmología llamada Nueve caminos de un millón, la autora, Luna Moró, nos abre una puerta, solo una, la de los extrañamientos que puede percibir cada lector. Las perspectivas se mezclan y quizás las ansias de encontrar un eje nos impacienta porque solo se encuentra uno, sui generis.

Se trata de repensar que una sola historia eje que anda dando vueltas choque con algo que obstruya su paso y se disperse en este caso en nueve creaciones nuevas, pero que salieron de una sola.

A causa del gran estallido en la novela se desprenden nueve capítulos; todos con su propia independencia, su propio universo, sin que las historias se unan necesariamente una con la otra. El juego que la autora propone al lector es hacerlo vacilar constantemente, crear una atmósfera que distorsione la realidad, que produzca un quiebre en las perspectivas de las cosas.

Con el tiempo se plantearan supuestos acerca de los personajes, si son reales o ficticios, si las historias son verídicas o no. Pero quizás eso abra el camino a otros recorridos que quizás Luna Moro nunca pensó y ni tuvo en cuenta. Porque en su Big Bang lo que importa es que se sepa que el recorrido no fue casualidad, hubo algo que hizo estallar, en este caso, la culpable fue su Literatura.


viernes, 21 de noviembre de 2008

leyó la carta



Querido Thomas:


Te he buscado por toda la ciudad sin encontrar rastros tuyos. No es la primera vez que lo hago en tantos años, pero esta vez necesito encontrarte para ponerte al tanto de un asunto que te va a interesar. Sé que si estás en la ciudad pasarás en algún momento por aquí. En cuanto recibas esta carta te pido que te dirijas a la casa de 80 Charles St.

Priscila

el eterno dilema de los géneros literarios



por Tomás Romero Obligado


Qué interesante es entrar en un mundo donde las cosas suceden una y mil veces. Esa es la propuesta de Nueve caminos de un millón en el que desde distintas perspectivas, se cuenta la historia de una estafa, las miradas y vidas de los estafadores, y el estafado. Cada una de esas perspectivas, crea un mundo y en cada uno de esos mundos, Sherwood siempre resulta estafado.

Pero esto nos lo dice una lectura perspicaz, ya que si bien Nueve caminos de un millón no va dirigida a un público en especial, el lector encontrará elementos de varios géneros en su recorrido de lectura. Es aquí que Luna Moró nos sorprende al transgredir de manera impetuosa el eterno dilema de los géneros literarios.

En esta nouvelle argentina hay de todo: quien guste de las biografías se encontrará con ellas, y encontrará también un policial, pero también hallará pasajes tan poéticos como las letras de Bécquer, y otros en un tono denso y pesado como la peor parte del Siglo de Oro Español. Incluso encontrará capítulos que tienden al humor negro. La variedad es tal que hacen de esta novela una pintoresca delicia literaria.

Que no se confunda la paleta caótica de estilos y fábulas con un raudal de ficción azarosa, esa es la forma en que el libro funciona: se puede leer cualquier capítulo al azar porque siempre va a estar contando la historia de la estafa, aunque desde otro punto de vista, en otro tiempo, en otro lugar que en el capítulo anterior o el que sigue…

Maravillosa novela. Se puede hacer una analogía con aquella colección de los ochenta, Elige tu propia aventura, en la que el niño se sentía con el poder de decidir sobre su propio destino o, salvando las distancias muy respetuosamente, con Rayuela, aquel quiebre exitoso de la literatura latinoamericana en el que Cortázar proponía seguir de manera irregular varias historias.

Con menores pretensiones, pero llena de encanto, Luna Moró nos muestra los caminos de nueve historias con un millón de posibilidades.


jueves, 20 de noviembre de 2008

priscila

¿caramelos para la tos?


por Ángeles Valdez

En su nueva novela, Luna Moró juega con la literatura. Nos hace creer que muchos autores diferentes la escribieron. Como si todos partieran de algo similar, pero luego se detuvieran. Cada capítulo se queda con lo suyo. En un capítulo, por ejemplo, ganan unos caramelos para la tos, mientras que en otro, apenas se nombran.
Además de este singular detenimiento, existe otro aún más profundo que se presenta en todos los capítulos, ¿acaso Luna Moró nos quiere recordar qué es el arte? Porque, constantemente, nos regala sensaciones como visiones y no como simples reconocimientos. De a poco, va desautomatizando la percepción, la renueva.
En cada capítulo se describen con una mirada extrañada ciertas cosas. Se ven o se sienten estas cosas como si fuera la primera vez. Así, la novela nos invita a preguntarnos cómo describiríamos algo por primera vez sin poder nombrarlo. Ya en el primer capítulo nos sorprende con un personaje que no reconoce su cuerpo, su “envase”. Así, queda separada la persona de su cuerpo, o tal vez peor, queda dentro de un extraño. También, nos muestra cómo un niño describiría algo sólo con lo que sabe, sólo con sus ojos y sin la previa enseñanza de un adulto. El instrumento musical no es más que algo lindo que ve, sólo sabe que le gusta. Como si no le alcanzara con este juego sobre el oboe, Luna Moró lo vuelve a recorrer desde las sensaciones. Nos hace sentir cómo sería tocar un oboe, lo podemos percibir con el tacto de la boca, nos lo hace soplar a nosotros, los lectores. Nunca se detiene y nos muestra que un cáliz puede ser visto de muchas maneras, aunque sea una primera vez. En un capítulo sorprende y genera tantas dudas que el personaje se pone el cáliz en el oído, casi como un acto reflejo para resolver el problema. Mientras que en el otro, el descubrimiento de eso novedoso es tan perezoso que se lo piensa para poner dulce de leche. Luego, nos hace sentir un cuadro en la oscuridad, aunque nunca nos dice que de eso se trata. Nos presenta al pintor desorientado en su propio cuadro. No está perdido por no saber qué pintar, sino perdido en reconocer que está frente a un cuadro, algo, sin duda, muy conocido si se trata de un pintor.
Estos no son más que algunos ejemplos de esa mirada extrañada muy presente. Nos saca de lo cotidiano y percibimos el mundo con una mirada más nueva. Luna Moró no economiza sensaciones, no nos las brinda automatizadas. Todo lo contrario, nos hace ver, sentir como si fuera la primera vez. Es así, que nos recuerda que el arte sirve para esto, para dar sensación de vida, para sentir los objetos, para percibir que la piedra es piedra. Porque la finalidad del arte es dar una sensación del objeto como visión y no como reconocimiento. El arte es un medio de experimentar el devenir del objeto: lo que ya está realizado no interesa para el arte.

miércoles, 19 de noviembre de 2008

tres de mayo de dos mil ocho

un aire quieto que se mueve




Pero caí de nuevo contra la pared que estaba frente a mí. Eso me desorientó mucho por lo que intenté apoyar mi espalda contra la pared, y con las fuerzas de mis rodillas me fui levantando muy despacio. Cuando logré ponerme de pie (las cortas bocanadas de aire que lograba tragar las utilizaba para mover mis torpes piernas) vi que me encontraba en el mismo lugar donde me caí, el pasillo hacia mi habitación, pero el aire era distinto, como si sintiera una corriente pesada y quieta moverse encima mío. Busqué frente a mi una referencia (podría jurar que había algo allí antes de que me cayera), algo que me guiara en la oscuridad y toqué la pared. Lo que percibieron mis dedos fue raro,

fragilidades




Ahora sabían que debían entretener a Sherwood hasta conseguir un Jim Brown, que sería el falso Mandetta que sería el falso van Schaellert. Tres personas debían hacer de una, una identidad falsa encubierta por otra falsa identidad para cubrir aún otra. La confianza entre gente dedicada al engaño es frágil. Pero es la única disponible para aliarse en una estafa. Sherwood estaba convencido de que el estudiante Van Schaellert, quien había robado el vaso del museo, era el famoso Mandetta de Longhi que se había hospedado como Jim Brown. Y que el tenía por lo tanto el vaso.

siddartha



Cuando Paola aun era Alberto, tenia anhelos profundísimos de encontrar su paz interior, tanto así que intentaba abstraerse de la rutina escuchando música celta, y recordando siempre la especial frase, de aquel inolvidable libro, que le había regalado su abuela para su cumpleaños número 18

martes, 18 de noviembre de 2008

juegos con palabras

hasta unas flores



La vida de Rolando era intrascendente hasta que el día tres de mayo de dos mil ocho encontró, además de a su madre tirada muerta en su habitación, un cofre con un objeto. Dentro del cofre encontró un cosa de color dorado, quizás era bronce, quizás de oro. Más tarde comprendió que estaba hecho del último material mencionado. Al tocarlo pensó que podría venderlo y ganarse unos billetes porque su peso era importante. Podría comprarse la comida de la semana y hasta unas flores para la reciente difunta. Sacó el objeto y lo puso arriba de la mesa.

domingo, 16 de noviembre de 2008

¡¡¡presentación!!!

la historia del abuelo fermín



Y aquel recuerdo de Fermín le sopló a Máximo la prueba que colocaría para Florián. El abuelo Fermín contaba siempre una historia a su nieto y a Florián, de la época en la que con orgullo recordaba haber trabajado como agregado cultural en Italia para Perón durante la segunda presidencia. En el ejercicio de esas funciones había tenido un curioso encuentro con un coleccionista que pretendía ofrecer una reliquia para el mismísimo General Perón. Desde su despacho en Milán, Fermín arregló una reunión para los primeros meses de 1956 lo cual, como se comprende, nunca pudo llevarse a cabo. Fermín supo que la reliquia que estaba en manos de Guido Mandetta, nieto del famoso excavador del mismo nombre. Se trataba de una copa, una simple pieza construida con formas rústicas, sin trazos decorativos, sin ornamentos, pero con una energía tal que la vida misma parecía contenerse allí dentro. Con esas palabras oyó Fermín que se describía el objeto y luego, por algunas lecturas, supuso que podría tratarse de aquella vasija donde José de Arimatea había recogido la sangre que emanaba de las llagas de Cristo por las heridas del calvario.

tramas

todo es posible




por Viviana Aleman



Un mismo evento común aparece fracturado en las historias de personajes diferentes en épocas distintas que presentan, cada uno, un juego de conocimientos y voluntades que difieren entre sí y que juegan entre la realidad y la ficción.
Cada capítulo parece registrar hechos reales, algunos mínimamente autobiográficos, con coincidencias que pueden o no ser coincidencias; parece mezclar lo ficticio con lo real en un constante juego entre lo puramente literario, lo testimonial y aún lo histórico.
Nueve caminos de un millón condensa en su título la lógica y la precisión de los hechos: de todos los caminos posibles, elige solo nueve que se desarrollan alrededor de un evento común, una estafa, fácil de ubicar en tiempo y espacio en forma individual, pero complejo dentro de la totalidad de la novela. Esta decisión provoca una incertidumbre: los hechos narrados ¿son reales o suceden dentro el ámbito estricto de la ficción?
Este juego entre realidad y ficción, estas marcas de “realidad” en la vida de los personajes, estas biografías que ponen en duda su carácter biográfico, entroncan a esta novela en una tradición de la literatura que pone en cuestión los límites entre lo que entendemos como el “mundo real” y el mundo de los personajes.
Así como Roberto Bolaño en La literatura nazi en América presenta una recopilación fragmentada de diversos personajes latinoamericanos (todos del mundo intelectual: escritores, poetas, filósofos, etc.) adscriptos al nazismo; Georges Perec en La vida instrucciones de uso nos enfrenta con el muestrario interminable de personas, animales y cosas de un edificio de viviendas y cuenta, de cada uno de ellos, sus historias; o Borges en Historia universal de la infamia, recupera las biografías de siete personajes de infausto recuerdo basadas en textos de otros autores, Nueve caminos de un millón invita a conocer una estafa relatada por distintos narradores en distintas épocas.
Alberto Roca o Paola De Narváez, Roberto Costas, Máximo Turreti, Hermenegildo y Ermenegildo Costas, Vicente Ferraro, Rolando McCornic, Javier Martín Duardo, Jim Brown, los Sherwood y Mandeta son algunos de esos personajes, que por sus experiencias y decisiones, ganaron un lugar en este libro: puede preguntarse el lector de Nueve caminos de un millón si estos personajes habitan o habitaron su mundo o son construcciones imaginadas por un autor.
Ante la pregunta, podemos aceptar la mezcla de datos verdaderos y de ficción o podemos entender que para acceder a una historia es tan válido el conocimiento como la imaginación. Y más aún: quizás tengamos que admitir que para conocer nuestro mundo, la herramienta más idónea es la ficción.

sábado, 15 de noviembre de 2008

una silla junto a la ventana



Hermenegildo aprovechó la pausa que hizo Roberto para sentarse nuevamente en la cama. Su padre tomó esto como un gesto de buena disposición. Retiró la silla que estaba junto a la ventana y se sentó frente a él para continuar con su relato.

-Un amigo estaba armando “un negocio” que consistía en venderle a un hombre coleccionista de unica el Vaso de Las Reliquias de la Pasión. Para ello necesitaba alguien que pudiese montar una buena representación y me eligió a mí. Una vez terminado el trabajo, con el dinero en nuestras manos, mi amigo me convenció de viajar para no dejar rastros sobre lo sucedido.

puentes

delito y castigo

por Denise Strugo



Los términos delito y castigo parecieran carecer de importancia en
Nueve caminos de un millón de Luna Moró, escritora que inicia su bibliografía con esta novela.
El texto presenta la marca ineludible de una estafa: esta es el punto de partida del relato y tiene como función atravesar, interferir, y dificultar en diferente medida, el desarrollo de cada uno de los caminos que conforman la novela.
Esta obra no habla en ningún caso de la noción de justicia, ni de un conjunto de leyes a respetar. No hay pena ni castigo para los personajes relacionados con la estafa que es, en algunos de los caminos, el conflicto central. Por lo tanto, esta obra angustia al lector ante la ausencia de la ley, la carencia de restricciones.
Cabría preguntarse si este es el error de la inexperta escritora, en la que el lector deposita su voto de confianza al aceptar el desafío de la lectura o bien, si lo que se entiende como falencia, en realidad, es una estrategia para demostrar que los personajes no le otorgan mayor importancia a los sucesos delictivos, sino que, al contrario, en más de una historia, la trasgresión hace las veces de puente, para permitir el pasaje del personaje a una vida feliz. En cualquiera de los dos casos –el delito como ignorancia o el delito como puente- la clave es la ausencia del castigo.
Observemos lo que sucede en Nueve caminos de un millón con lo que comúnmente se entendería por delito: un hombre encuentra en situaciones dudosas, un dinero perteneciente a su difunta abuela, y lo utiliza sin vacilar; dos abogados comentan un caso, y sin brindarle mayor importancia, deciden abandonarlo; se descubren excesos, sobornos y coimas, jamás denunciadas; se procede a vender una vasija con una historia falsa; se realizan negocios turbios; se da la utilización de un personaje como “mula” para la llevar a cabo la estafa; se presencia un atropello, con la anterior noticia de un accidente de tránsito; aparece un bolso con una valiosa reliquia, perteneciente a un sujeto baleado; un hombre llega a su casa y encuentra a su madre fallecida... y todo esto, como si nada.
En todos los casos, circula una gran cantidad de dinero falso, que nunca es descubierto. Los personajes afectados negativamente por la estafa, no buscan venganza, sino que toman una posición de comodidad. El resto de los personajes, quienes se ven favorecidos, no sufren castigo alguno por sus actos.
El lector espera que la novela funcione tal como desearía que su sociedad lo hiciera. Supone ingenuamente que todo aquel que trafique dinero, estafe, soborne, coimee o reciba sobornos y coimas, etc., sea penado conforme a su delito. Siguiendo en la línea de lo esperable, quien es estafado busca hacer justicia de diferentes modos, el más común es elevar su situación a la esfera judicial, para lograr que el o los culpables sean castigados. Se comprende que lo esperable no necesariamente sucede fuera del marco del texto, así como tampoco se lo encuentra en la novela.
Podemos entonces contestar a nuestra pregunta inicial: observamos una gran coherencia por parte de Moró, ya que los personajes afectados negativamente en ninguno de los casos denuncian el delito y, por lo tanto, los beneficiados jamás sufren un castigo como efecto de su culpabilidad. Tras esta explicación se puede comprender que la ausencia de la ley es la estrategia textual que atrapa al lector desde las primeras páginas y lo mantiene en la constante expectativa de una resolución en términos legales. Este juego se mantiene hasta la última línea, concluye sin explicación alguna, y deja librado su significado a la imaginación del lector. De este modo el lector puede ver cómo continúa la tensión entre los delitos realizados y el “merecido” castigo aún después de finalizado el recorrido por los Nueve caminos de un millón.

no es para que pintes


-He visto mansiones –contaba Juan Carlos- atestadas de objetos de arte: grandes pinturas enmarcadas en oro, enormes columnas de piedra traídas de vaya uno a saber cuales islas del continente africano, papiros y manuscritos tan antiguos como el Señor- exclamaba el amigo casi con vehemencia.

Joaquín lo escuchaba sin hablar, no entendía bien en que punto eso le podría servir en su situación monetaria

- Pero, Juan –dijo Joaquín- no sé que tiene que ver eso conmigo, salvo que quieras que pinte para esa gente, no veo la relación.

- No para que pintes –le replicó su amigo al mismo tiempo que llenaba la pipa- no lo haces siquiera para la gente de acá ¿no es cierto? Pero pienso que en algo me podrás ayudar.